Desde tiempos muy remotos, los chinos, en
astrología y otras doctrinas, atribuyen la fuente de todo movimiento y cambio de la materia y de la fuerza vital al equilibrio constante de los aspectos positivo y negativo de la energía, lo que ellos denominan el Yin (
negativo) y el Yang (
positivo).
El
Yang, por tanto, es el día, y el
Yin, la noche. En el arte, la medicina y la filosofía
orientales, todo se cataloga en función de estos dos aspectos.
Mantener la armonía y el orden en el universo y en el cuerpo humano es conservar continuamente el Yin y el Yang en un equilibrio muy delicado. Abundan el caos y la falta de armonía cuando de algún modo se trastorna este equilibrio.
Como los polos opuestos de un imán, el
Yin atrae al
Yang, pero rechaza a otra fuerza Yin. Para leer los horóscopos chinos, hay que tener en cuenta que el Yin o el Yang solamente repelen al polo similar, negativo o positivo, que se opone directamente a su polaridad.
Aplicar el principio del
Yin y el Yang a los cinco elementos citados es algo más complicado. Así, por ejemplo, el tronco positivo de la
Madera es un abeto, y el negativo el bambú. El positivo del
Fuego puede ser un incendio forestal, y el negativo la llama de una vela, que emite una luz benefactora.
Por otra parte, tanto las fuerzas positivas como las negativas tienen sus
aspectos buenos y malos. Por ejemplo, un individuo nacido bajo un signo positivo será más eficiente si se desempeña de manera activa.
Pero sería negativa si actuase de manera pasiva. Igualmente, una persona nacida bajo un signo negativo está en buenas condiciones cuando se comporta de forma pasiva, no agresiva ni violenta.